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VENGANZA CONSERVADORA

RETROCESO DE LA DEMOCRACIA, LA RELIGIÓN POLITIZADA Y EL RADICALISMO POPULISTA

Publicado: 2022-07-03

El viernes 24 de junio del 2022 la Corte Suprema de los EE.UU., con sede en Washington derogó el fallo Roe vs Wade (de 1973), que dotaba de protección federal al aborto. A ello se suma el fallo sobre la prohibición de porte de armas en el Estado de Nueva York y el que limita las funciones y los derechos de e EPA (la agencia de protección del medioambiente) para disminuir la emoción de gases CO2. Estos tres fallos de la Corte Suprema están marcando un paso decisivamente conservador el la democracia moderna más antigua del mundo.

Sin duda esto marca un retroceso significativo de la democracia. Pero esto se está produciendo no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. El ascenso de los populismos, la polarización y la radicalización está erosionando la democracia en varias partes del mundo. En EE.UU. la «moralización» de la democracia fue anotada y aplaudida por Alexis de Tocqueville en su Democracia en América, donde indica que lo que une a los ciudadanos estadounidenses son los lazos morales basados en una creencia religiosa compartida (en vez de ser el intercambio de razones). Tocqueville quedó maravillado cómo la religión, en EE.UU. generaba una sociedad igualitaria y orientada al progreso industrial, mientra que en Europa la religión perpetuaba los simientos de la sociedad conservadora y estamental.

Al parecer, el entusiasmo que el obsevador francés guardó frente al lugar que tiene el cristianismo en la democracia norteamericana fue excesivo. Esa misma presencia de la religión en la política pública puede darle un gran terreno a los grupos conservadores si es que predomina un versión retrógrada del cristianismo. Muchos católicos y evangélicos estadounidenses abrazan una versión conservadora del cristianismo basada en la preservación de «valores eternos» y «fundamentos de la fe». Ello termina siendo un fuerte atentado contra la democracia porque bloquea el debate público basado en el intercambio de valores.

En el contexto de radicalización por el ascenso de los populismos, el problema se asentúa, porque el temor y el diálogo de sordos toma el espacio del debate. Si bien Farid Kahhat tiene razón cuento señala que:

“Es cierto que el populismo suele tener un componente antidemocrático, confrontacional .. porque lo que es común a todo populismo es dividir a la sociedad entre una élite política y económica que ha gobernado históricamente para su propio beneficio y el pueblo puro e inmaculado, pero además homogéneo, donde no hay fisuras o tendencias, al que esa élite no representa pero a la que el líder populista pretende representar… Aunque el populismo tiene estos elementos que son criticables…[sin embargo] es una fuerza política que curiosamente, siendo una fuerza con aristas autoritarias …, simultáneamente contribuye a legitimar el sistema democrático, la gente acude a votar en mayor proporción cuando están en competencia líderes como Correa o Evo Morales, sobre todo los pobres y los indígenas, porque sienten que ahora sí hay una disyuntiva real respecto a la cual pronunciarse, no como elecciones pasadas donde ganara quien ganara la política económica seguiría siendo más o menos la misma. La legitimidad de los partidos políticos crece con Correa en el Ecuador- la tasa de participación electoral crece-. Hay que entender que el populismo es la respuesta a un problema de representación política, no surge ex nihilo ni es gratuito (Kahhad, La encerrona 29 de junio del 2022 min. 46:42 - 49.02)”

Si bien es cierto que, de un lado, el populismo tiene dicho efecto democratizador, tambien lo es el que también debilita las instituciones democráticas y produce el undimiento de los partidos y los movimientos moderados y de centro. En el caso peruano a quedado claro con el declibe del centro (de izquierda y de derecha). De hecho, el ataque sistemático contra el expresidente Francisco Sagasti muestran unos deseos cargados de ensañamiento con destruir su figura política. Esto muestra de qué manera los radicalismos populistas son una amenaza para las instituciones democráticas y para los derechos de las personas.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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