orgullosa por siempre

CASTILLO Y LA CALLE

EL EFECTO IMOVILIZADOR DE LA «IZQUIERDA PROGRESISTA»

Publicado: 2022-06-05


Ya no resulta sorprendente los escándalos de corrupción que envuelven al entorno del presidente Pedro Castillo y la manera en la que éstos presentan indicios que alcanzarían a la propia persona de presidente de la República. Tampoco resulta extraño el que el Congreso de la República no asuma una tarea seria de investigación que termine en un proceso de vacancia. Los acuerdos desarrollados en la oscuridad entre el ejecutivo y el legislativo explican de sobra el por qué no podemos esperar que nada cambie. Ambos poderes parecen haber hecho un pacto para quedarse todos a pesar de la cada vez más baja aprobación que tienen de parte de la probación. Pero, si las encuestas vienen demostrando una baja aprobación ¿cómo se explica que la gente no se manifieste en las calles y que termine sacando tanto al presidente y a los congresistas?

Respecto de ello se han ensayado dos explicaciones que resultan ser insuficientes. La primera señala que los ciudadanos se encontrarían cansados de manifestarse, que ya lo han hecho contra congresos anteriores y por el efímero gobierno de Manuel Merino, y que la situación no ha cambiado sustantivamente. Los ciudadanos habrían visto cómo los mismos grupos contra los que se manifestaros han vuelto a sus posiciones de poder. Esta primera hipótesis señala que los ciudadanos no se manifiestan porque están agotados, desmoralizados y han decidido asumir una actitud de indiferencia. Una variante de esta explicación es la de quienes esperan que suceda algo que termine colmando la paciencia de los ciudadanos y pasen se la inmovilidad en la que se encuentran a la acción. La segunda explicación señala que los ciudadanos no salen a las calles porque no quieren manifestarse con aquél pequeño grupo de extrema derecha que siguen manteniendo variantes de la narrativa del llamado «fraude electoral». Esta segunda explicación señala que los ciudadanos no quieren salir a marchar junto con Norma Yarow, con Lourdes Flores Nano y personajes asociados a posiciones de extrema derecha.

Frente a ambas hipótesis quisiera ensayar una tercera que puede incluir elementos de ambas, que podría abarcarlas y superarlas. De acuerdo con mi explicación, la desmovilización en la que se encuentran los ciudadanos se debe, en una parte considerable, a que las bases de izquierda en el país se encuentran desmovilizados por la voluntad de los líderes de los movimientos de izquierda. Ni los ecologistas, ni las feministas ni los «izquierdistas progresistas» movilizarán a sus bases contra un gobierno de «izquierda». Esto estaría sucediendo por varias razones. Primero, ello implicaría que esos líderes de equivocaron al atacar sistemáticamente al centro político representado por el Partido Morado durante la primera vuelta electoral, y con el posterior apoyo incondicional a Castillo durante la semana previa a la primera vuelta y durante la segunda.

Además, frente a embarazo que significa para ese grupo de izquierdistas el declarar abiertamente que se equivocaron al conducirse de esa manera durante ese complejo proceso de la primera vuelta; sumado a ello, digo, en la «izquierda progresista» se puede identificar a dos grupos claramente: los arribistas y los de «buena voluntad». El grupo de los arribistas se encuentran compuestos por líderes y personajes de la «izquierda progresista» que forman parte de movimientos políticos, que han tratado y siguen buscando una cuota de poder. El ejemplo más claro de arribismo de movimientos políticos lo constituye abiertamente Anahí Durand. Casos curiosos es el de la permanencia en el gabinete Torres de Diana Miroslavich y de César Landa. Pero, eso que sucede entre los políticos y activistas se replica en algunas personas vinculadas a la academia y a las universidades, que por cierto regateo sigue apoyando al régimen. Arribistas políticos y académicos utilizan su influencia para mantener en la apatía a los sectores de la ciudadanía vinculados a los movimientos sociales y a las universidades.

El segundo grupo, que he denominado de «buena voluntad» siguen apoyando a Castillo no por alguna ganancia personal, sino porque consideran que dejar de hacerlo implicaría traicionar sus principios de izquierda. Sucede con muchos de ellos que, si bien son altamente calificados en sus campos de investigación, no han tenido una seria reflexión sobre cuestiones políticas. Se trata de intelectuales de humanidades o de ciencias que no han desarrollado una reflexión suficiente sobre la situación política. Además, el orgullo en algunos los hace renuentes a aceptar que se equivocaron con Castillo.

La actitud de ambos grupos termina manteniendo a gran parte de los ciudadanos inmovilizados, ya que son ellos quienes tienen los recursos comunicacionales para hace que la gente salga a las calles, especialmente los jóvenes.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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