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GUERRA Y PAZ EN KANT

UNA REFLEXIÓN SOBRE UCRANIA

Publicado: 2022-03-08

Desde fines de la Segunda Guerra Mundial, un conflicto armado internacional se está volviendo a desenvolver en Europa. Esta es la causa por la que el ataque de Rusia a Ucrania esté removiendo la conciencia moral del mundo, de occidente y, especialmente de Europa. Las implicancias en vidas humanas y en sufrimiento de personas resultan ser, sin duda, inestimables. También resultan preocupantes las consecuencias económicas de este conflicto.

Si bien Rusia ha llevado adelante escaladas bélicas anteriormente, como en el caso de Crimea, esta vez se trata de un conflicto que se desarrolla en Europa, continente que pensó haber superado los conflictos internacionales en su territorio. Y, esto es así porque el espíritu de La Paz Perpetua de Immanuel Kant inspiró a dicho continente, que se esperanzó en que los procesos de integración alejarían las guerras entre los Estados.

Escrito en 1795, el breve texto de Kant inspiró la configuración de la Comunidad Europea. El texto se divide en tres partes: a) la referente a los seis artículos preliminares, b) la referida a los tres artículos definitivos para la paz, y c) una serie de apéndices y anexos. Su título hace pensar que se trata de una ensoñación filosófica, pero Kant se encuentra muy lejos de ello. Sabe que el ser humano, está cargado de amor a sí mismo (KvP:73) no podrá nunca vencer sus tendencias naturales, pero ello no impide que pueda llegar a acuerdos de paz, que se van constantemente renovando. En sus textos de antropología y de filosofía de la historia, menciona tendencias en contra de la concordia, como en el caso de la insociable-sociabilidad, y se pregunta si sería posible alguna vez sacar de una madera retorcida un árbol derecho. Y en su texto sobre Religión (La religión dentro de los límites de la mera razón) señala que en el ser humano hay una propensión al bien, pero también una propensión al mal, a demás de tratar allí la cuestión sobre el mal radical en el ser humano. El filósofo de la Ilustración de dio un lugar a la guerra en su concepción del desarrollo histórico que conduciría hacia la paz y a un mayor grado de moralidad. Por medio del conflicto, el ser humano (en tanto que especie) desarrollaría sus potencias germinales, incluyendo la conciencia moral.

Los artículos definitivos presentan condiciones necesarias para la paz, que son posibles que los seres humanos se propongan, especialmente en el momento posterior a la Ilustración. El primero señala que la Constitución Política del Estado debe ser Republicana, es decir, que se rija por el principio de división de poderes y en el que las libertades de cada ciudadano se encuentren garantizadas. Lo opuesto al republicanismo es el despotismo, el cual se rige de una forma amorfa de poder, donde el gobernante ejerce el poder de manera arbitraria. A su vez, el segundo artículo definitivo señala que el derecho de gentes (es decir, el derecho internacional) debe organizarse de acuerdo a una Federación de Estados Republicanos. La estructura republicada de cada Estado garantizaría la estabilidad y la paz de la Federación, a la que se podrían ir sumando cada vez más estados. Estas ideas inspiraron a las NN.UU., a la Comunidad Europea y hacia fines del siglo XX John Rawls y Jürgen Habermas las volvieron a discutir en el debate académico.

En las ideas de Kant queda un elemento claro: lo que hace la diferencia es la forma en la que ejerce el poder quien lo detenta en un Estado. Si lo hace conforme a leyes de la libertad o lo hace de manera despótica. Este principio es el que separa a los que en la teoría de la política internacional apoyan el llamado “realismo” (que asocian a Maquiavelo, a Hobbes y a Schmitt) de quienes apoyan el “liberalismo” (que asocian a Kant). Hay que notar que esta clasificación es extraña, ya que coloca a Kant del lado del liberalismo (iniciado por Bodino, Pufendorf y Hobbes) y no del lado del republicanismo, siendo Kant un filósofo abiertamente republicano. Pero, fuera de ese detalle, la cuestión central parece que Kant la vio con claridad: si un Estado está gobernado por un déspota, la paz está perdida.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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