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SAGASTI DEBE ACTUAR CON PRUDENCIA Y FIRMEZA

POR EL BIEN DE LA DEMOCRACIA

Publicado: 2020-12-05

El gobierno del presidente interino Francisco Sagasti se encuentra (y se sabe) en una situación frágil. Debido a emerger de la Mesa Directiva del Congreso de la República, dicho poder del Estado puede destituirlo con una mayoría simple. Además, puesto que el TC se pronunció en contra de la demanda competencial presentada, en su momento, por Vizcarra, la misma Presidencia de la República se encuentra en un desfavorable desbalance de poderes ante el Legislativo.  

En estas circunstancias, el presidente Sagasti debe utilizar bien las dos bases de su poder: la pequeña bancada del Partido Morado (que ha devenido en «partido oficialista») y en el apoyo de la población. Las protestas juveniles son las que han depuesto a Merino y han abierto la posibilidad para que él sea presidente. Si se ve bien, la posición de Sagasti y la situación de Vizcarra respecto de soporte de su poder son análogas: Vizcarra tenía a su favor el que para ser destituido requería de una mayoría calificada del Congreso, contaba con apoyo popular y una gran habilidad política, además de una gran audacia política, mientras que en su contra tenía acusaciones de corrupción cuando fue Presidente Regional de Moquegua y el transe del caso Richard Swing, además de que no contaba con una bancada oficialista que lo defienda desde Legislativo. Sagasti, por su parte, tiene a su favor una bancada oficialista, el apoyo popular y carece de investigaciones en su contra. Pero, en su contra se encuentra el que el Congreso puede destituirlo con una minoría simple y carece de la habilidad y de la audacia política que tenía Vizcarra. De hecho, se le percibe como una persona timorata que hace que sus adversarios se encuentren envalentonados.

Es por ello que Sagasti debe asegurar la lealtad del Partido Morado, el apoyo popular, conseguir asesores políticos que se encuentren a la altura de la situación, pero, sobre todo, debe armarse de valor. Lo sucedido con lo de las tomas de carreteras y con el “debate” sobre la Nueva Constitución, no ha sido más que un ensayo del Congreso para ver si pueden socavar el apoyo popular. Y, lo ocurrido con el intento de colocar a Lizárraga en la Presidencia de la República ha sido un intento exitoso de fraccionar la lealtad del Partido Morado ante Guzmán y, en consecuencia, ante Sagasti. Bien lo dijo el congresista del FA, Fernández, la semana que pasó era el momento propicio para gatillar las protestas laborales en el sur, norte y centro del país, y cercar Lima.

Los diferentes grupos del Congreso tienen motivos para derribar a Sagasti: unos quieren sacar a sus líderes de las prisiones, otros quieren mantenerse en el Congreso para mantener la protección de la inmunidad parlamentaria, otros quieren una Nueva Constitución, otros tienen sangre en el ojo por los “nefastos dieciséis días” y por el recambio de la cúpula policial, y otros no quieren elecciones el próximo año Para todos ellos, Sagasti es un estorbo y quieren a alguien con el mismo perfil de Merino. Pero, además, han visto que pueden socavar el apoyo de los ciudadanos con el que cuenta Sagasti. El mismo presidente les está facilitando la tarea al tener declaraciones torpes como la de señalar -en contra de lo dictaminado por el TC- que todo bloqueo de carreteras es ilegal. Sagasti requiere de un asesor político hábil de manera urgente, porque su fracaso es el fracaso de la democracia que tanto esfuerzo nos costó mantener durante veinte años.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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