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EL ESPEJO DEL PENSAMIENTO

SOBRE LOS PREJUCIOS CONTRA KANT

Publicado: 2020-04-26


La moral kantiana ha tenido un nuevo empuje desde los trabajos de John Rawls, Enst Tugendhat y Jürgen Habermas. En la actualidad, una serie de discípulos de ambos, especialmente del filósofo norteamericano, han colocado sobre la mesa de debate sobre la ética y la filosofía práctica en general, una serie de argumentos kantianos, y no ha faltado quienes, como Korsgaard y O’Neill, han vuelto directamente sobre la argumentación expresada en el imperativo categórico y quienes, como Bagnoli, han regresado al constructivismo kantiano.

Sin embargo, aún sigue existiendo una fuerte oposición a la ética desarrollada por el filósofo de la Ilustración, especialmente, en los centros académicos locales. Neoaristotélicos (seguidores de McIntyre y de Nussbaum), neohumeanos (seguidores de Bernard Williams), neohegelianos (seguidores de Taylor y de Honneth) y hermeneutas (seguidores de Gadamer y Ricoer) han afilado sus armas una y otra vez contra la nueva presencia de los argumentos kantianos en el debate contemporáneo sobre la ética. Esta actitud sería sana, loable y positiva si se tratase de una toma en serio de los argumentos de Kant y las reformulaciones que de ellos hacen los kantianos contemporáneos, como Korsgaard, Nagel, Scanlon, O’Neill y Forst, entre otros.

En vez de tomar en serio los argumentos para enriquecer el debate se asume una “actitud kantiana” para criticar a Kant: se asume que todo lo que se diga de esa cantera está mal en un sentido a priori. Quienes iniciaron la crítica a Kant con cierta radicalidad fueron los románticos y Hegel, quienes lo acusaron de formalista, apriorista y universalista, de manera que la ética kantiana no serviría en realidad para orientarnos en las acciones. El argumento señalaba que el carácter abstracto de la ética del filósofo de Königsberg hace imposible su aplicación a las situaciones concretas. Otra de las críticas, que proviene de los neoaristotélicos y neohumeanos, es que la ética de Kant deja fuera aspectos fundamentales de la vida humana, como son las emociones y los sentimientos. Y, una tercera gran crítica es que el universalismo kantiano no sería sensible a los contextos de la acción humana.

Más allá de si dichas críticas son acertadas o no, parece ser que, si el pensamiento moral kantiano fuese sólo eso, entonces parece no tener sentido dedicarse a ello. Pero sucede que la ética del filósofo del siglo XVIII ha sido y sigue siendo muy fructífera y rendidora, al igual que el trabajo de los kantianos contemporáneos. Y, a pesar de ello, muchos de los estudiantes de filosofía en el país se hacen la idea que la moral de kantiana es absurda y que resulta ser una pérdida de tiempo. Eso es porque sus profesores, acostumbrados al arte del boxeo intelectual han decidido tomar tanto a Kant como a Rawls y usarlos como sparring. Ciertamente, esa actitud no es ni seria ni enriquecedora. Nuestras lecturas de Aristóteles, Hume o Hegel se enriquecerían si tomásemos más en serio los argumentos de Kant, justamente porque forma parte de la cantera de al frente, como si fuese un espejo del pensamiento.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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