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CARLA BAGNOLI Y LA FILOSOFÍA MORAL ANALÍTICA

Publicado: 2019-10-20

Actualmente Carla Bagnoli es profesora de la Universidad de Módena y en la de Oslo. Se ha dedicado a la filosofía moral analítica y tiene trabajos sumamente interesantes en Kant. Después de haberse doctorado en Milán realizó una estancia de investigación en Harvard y en la Universidad de Ámsterdam. En 1992 publicó Razones impersonales, en el 98, Obligaciones especiales en una perspectiva kantiana y en 1999 publicó el libro titulado “El dilema moral y la integridad”. Posteriormente publicará “El dilema moral y los límites de la teoría ética” en el año 2000. En el 2013 publica un interesante artículo titulado “Constructivismo acerca del conocimiento práctico”. En el 2018 ha publicado un artículo titulado “Autonomía, vulnerabilidad emocional y los poderes dinámicos".  

En su desarrollo intelectual Bagnoli ha entrado en contacto y diálogo con John Rawls, Robert Nozick, Thomas Scanlon, Thomas Nagel y Christine Korsgaard, conectándose con una tradición de la filosofía poco explorara en Perú, a saber, la Filosofía Moral Analítica. De esta manera, asume puntos de vista que parten de la tradición analítica y también de la filosofía crítica desarrollada por Kant para abordar temas éticos, muchos de los cuales han sido tradicionalmente abordados por filósofos de la tradición aristotélica, hegeliana y nietzscheana. Así, en los “límites de la moral” aborda el problema de los conflictos y dilemas éticos desde una perspectiva analítica y por medio de una metaética centrada en las razones. Y, en “Constructivismo acerca del conocimiento práctico” utiliza a Kant y a G.E.M. Anscombe para defender la idea del conocimiento práctico y dar una respuesta al artículo de Korsgaard titulado “Escepticismo acerca del conocimiento práctico”. La estructura argumentativa de ese artículo es la siguiente:

1.- Considera algunos prominentes argumentos cognitivistas que se colocan en contra del modelo de conocimiento ampliado y muestra que dichos argumentos están conducidos por asunciones no-cognitivistas acerca de la practicidad de la ética y de la legitimidad de demandas epistémicas.

2.- Mostrará que tales argumentos fallan cuando señalan que la idea de conocimiento práctico es incoherente. Para ello se recurrirá a la distinción de Anscombe entre conocimiento práctico y conocimiento especulativo.

3.- Utiliza esa distinción para iluminar la distinción entre ontología y epistemología respecto del constructivismo kantiano.

De 4 a 7 se examina las características distintivas del constructivismo kantiano como un enfoque respecto al conocimiento práctico. Esto es así porque el constructivismo no postula ninguna ontología moral independiente al razonamiento. Atribuye al razonamiento el poder cognitivo de establecer la distinción entre el agente y el acto.

4.- Señala que para que el razonamiento pueda cumplir con su tarea debe tener una actividad autolegisladora. En este punto se ofrece una mirada dialogal del razonamiento práctico a fin de hacer frente a las posiciones que critican la forma de la voluntad racional autolegisladora.

5.- Propone una interpretación no estándar del "hecho de la razón" a fin de mostrar que el enfoque constructivista de la autolegislación no se funda en un realismo acerca del valor. La "base de construcción" es la experiencia de respeto por la capacidad autolegisladora en sí misma. Este sentimiento moral contiene nuestro reconocimiento de la agencia racional y muestra nuestra sensibilidad ante las demandas de la razón práctica. Se trata de un modo emocional de conocimiento práctico de sí mismo como un agente.

6.- Aborda la cuestión de cómo el conocimiento práctico como un agente se relaciona con el conocimiento práctico acerca de lo que debemos hacer.

7.- Responde a las objeciones de subjetivismo. Muestra de qué manera la compleja forma de objetividad del constructivismo kantiano es más ambigua y modesta de lo generalmente se cree.

En ese artículo hay varios puntos importantes e interesantes. Quiero destacar sólo dos. El primero es la crítica a Korsgaard y el segundo es el lugar que ocupa el sentimiento de respeto en el constructivismo kantiano.

De acuerdo con Korsgaard, el modelo del conocimiento práctico tiene problemas, ya que no captura correctamente la relación entre el estándar normativo al cual la acción está sujeta y el proceso de deliberación. De esta manera, concebir la ética bajo el modelo del conocimiento aplicado la expone a que alguna forma de realismo termine minando la soberanía de la razón y su autonomía. El conocimiento sería en sí mismo algo externo a la voluntad, y se erigiría como una suerte de soberano si asumimos la tesis del conocimiento práctico. Sería, así, una violación de la autonomía de la razón práctica postular un dominio de objetos morales que son epistemológicamente anteriores y que tienen existencia independiente al trabajo de la razón. Lo que estaría en juego no es el estado extraño (epistemológico y ontológico) de tales entidades, sino la afirmación de que tales entidades existen antes y deben ser reconocidas por la razón. De esta manera, el remedio no es introducir una ontología especial en vez de una naturalizada.

Sin embargo, el problema de Korsgaard es que concede demasiado a su rival. Así, al igual que los no cognitivistas presenta el requerimiento práctico en términos de copelación motivacional Y al igual que los realistas sostiene que la demanda epistemológica es legítima sólo en tanto haya una independencia ontológica. Al tomar el conocimiento práctico como conocimiento de las propiedades de la realidad que son al mismo tiempo requisitos prácticos, Korsgaard está de acuerdo con los realistas. Para calificar como "el objeto del conocimiento práctico", los requisitos de la razón práctica deben ser parte del tejido de la realidad (una afirmación extraña de hecho). Por lo tanto, rechaza la afirmación de conocimiento práctico sobre la base de que es el conocimiento de un objeto independiente y externo a la razón práctica, para ser aplicado en la práctica. Pero esta conclusión también es una concesión innecesaria al no cognitivismo, ya que sugiere engañosamente que para acomodar la practicidad de la ética es suficiente para debilitar los compromisos ontológicos del racionalismo (por ejemplo, adoptando la visión de Mackie).

De esta manera, no queda claro en qué consiste dicha “compeleción emocional”. A diferencias de Korsgaard, Bagnoli ubica el componente emocional no en la razón que tengo para actuar, sino en la base del mismo constructivismo kantiano. El sentimiento de respeto que me genera el reconocer, me como ser autónomo, autolegislador y colegislador en una relación dialogal de seres humanos finitos. En ese contexto, el sentimiento de respeto es un. Punto de partida para la construcción de las exigencias morales. El constructivismo se diferencia del realismo moral y del relativismo moral. Mientras que el realismo sostiene que la moral la descubrimos en el mundo y sus principios se presentan cono limitaciones a la autonomía personal, el relativismo sostiene que la moral la inventamos entre nosotros, con lo cual, otra vez la autonomía queda. Restringida por el resultado de la invención. Frente a ambas posiciones, el constructivismo sostiene que nosotros partimos de principios para construir la ley moral. De esta forma, la ley moral brota de nosotros, en tanto seres autónomos, y la conciencia de esa autonomía en la elaboración moral el lo que genera en nosotros el sentimiento de respeto. Esto es posible gracias a lo que Kant denomina el “hecho de la razón”, que no es otra cosa que el principio básico que permite que podamos producir la ley moral de manera autónoma, por medio de un procedimiento constructivo.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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