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PARIDAD Y ALTERNANCIA ENTRE HOMBRES Y MUJERES

Publicado: 2019-07-25

En el debate en el parlamento sobre la implementación de la igualdad entre hombres y mujeres en la política y en el Parlamento se han puesto de manifiesto dos cuestiones importantes: a) el deseo de mantener el poder de los partidos y movimientos políticos en los varones que han mantenido su predominio desde siempre y b) el poder del cristianismo de derecha que ha ido creciendo en la región y en el Perú durante los últimos años.  

Para que la paridad y la alternancia entre hombres y mujeres pueda ser real y efectiva, no debe colocarse en las listas que se postulan para las primarias en los partidos y movimientos políticos, porque ello podría dar como resultado que en la lista definitiva al congreso puedan ir sólo hombres. Para que esta política afirmativa tenga una implementación real, debe presentarse en la lista final, aquella que se va a presentar para las elecciones congresales. Pero, hemos visto en el Congreso de la República a mujeres de Fuerza Popular exponer carteles que dicen “No soy una cuota” y defender posiciones que van en contra de los derechos de las mujeres. Otro argumento que se ha utilizado es que el acceso a los diferentes puestos no debe ser por cuota sino por mérito. Un tercer argumento es que la propuesta de la paridad y la alternancia corresponde a una exigencia de las izquierdas

Estos argumentos se caen por sí mismos. Primero, una ley de cuotas no cosifica a nadie, sino que responde a una política de acción afirmativa que busca nivelar el piso en la aplicación real entre hombres y mujeres. De esta manera, no basta con que se diga en la Constitución que hombres y mujeres son iguales en derechos y en derechos políticos (votar y ocupar puestos políticos), sino que se deben eliminar las barreras para que esa igualdad se realice en la práctica. Si tomamos en cuenta que es recién en 1955 que se otorgó el derecho al voto a la mujer en el Perú, ello muestra que el terreno entre hombres y mujeres en relación a la vida política está bastante desnivelado. El sistema político nacional sigue siendo dominado por varones, puesto que han organizado ellos las reglas de juego y han articulado el sistema de modo que tengan más poder que las mujeres. Las políticas de acción afirmativa están hechas para este tipo de situaciones, en las que ha habido injusticias heredadas y es necesario combatirlas en la práctica.

El segundo argumento es que el acceso al Congreso debería ser por mérito y no por un sistema de cuotas es completamente falaz. Las calificaciones en las universidades se distribuyen por el mérito, pero los derechos no se distribuyen por ese criterio, sino por el de la igualdad. Eso es así desde la caída del antiguo régimen donde existía un sistema de prerrogativas especiales. También, los derechos políticos de elegir y ser elegidos se distribuyen por criterios de igualdad entre los ciudadanos. Es por ello que nadie es elegido Congresista de la República por méritos, sino por tener acceso en igualdad de condiciones. Las mujeres no han estado en igualdad de condiciones, durante siglos, y por lo tanto, es necesario que ellas tengan el apoyo de una ley de paridad y alternancia.

El tercer argumento es las políticas de acción afirmativas son de la izquierda. Éste también es falaz. Todo aquél que se encuentre comprometido con el Estado Democrático de Derecho debe estar comprometido con la promoción de esas políticas. De hecho, políticos de centro derecha se encuentran con los de centro izquierda en este punto. Más bien, los grupos adversos a la democracia se colocan en contra de estas políticas.

Pero, lo que está en juego en el debate congresal de estos días no son esos argumentos. Tales argumentos sirven sólo de justificaciones distractoras que encubren lo que está en juego realmente. De un lado, un asunto político, a saber, el mantenimiento del poder en manos de las cúpulas dirigenciales de los partidos y los movimientos políticos. De otro lado, lo que está también el juego es un asunto ideológico-religioso, a saber, la idea proveniente de los cristianismos de derecha en contra de la autonomía y la liberación de la mujer frente al varón. Bajo trasnochadas interpretaciones de la Biblia que mantienen la idea de qye la mujer debe someterse al varón porque esa es la voluntad de Dios, esos grupos están dando la batalla en contra de la igualdad. No es casual que ciertos movimientos políticos, que buscan ganar el apoyo de ese cristianismo, estén apoyando esas exigencias conservadoras. De hecho, ya se ha visto a dirigentes políticas asistir a reuniones con cristianos de derecha para apoyar sus exigencias respecto del género, la paridad y otras cuestiones. Estas dirigentas no ha asistido a dichas reuniones por convicción, sino por puro cálculo político.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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