la mafia se reacomoda

¿FUJIMORISMO, ANTIFUJIMORISMO?

Publicado: 2019-01-13

Desde el 2016 hasta hace unos meses la retórica de los analistas políticos (mucho de ellos fujimoristas) señalaba que el Perú estaba dividido políticamente entre fujimoristas y antifujumoristas. Es por ello que el discurso que trataron de imponer esa el de la necesidad de la reconciliación, la cual se daría cuando de diese el indulto a Alberto Fujimori. No es casual que el expresidente PPK haya denominado al 2017 como el año del “Diálogo y Reconciliación Nacional” (https://larepublica.pe/politica/1168651-nombre-oficial-ano-2018-peru-del-dialogo-y-la-reconciliacion-nacional).  

De esta manera, la agenda nacional ha estado dominada no sólo por el fujimorismo desde el Congreso de la República, sino también por la retórica dela reconciliación, que Gonzalo Gamio calificó con plena lucidez como “reconciliación envilecida” (https://revistaideele.com/ideele/content/la-reconciliaci%C3%B3n-envilecida). Pero con el ascenso de Viscarra a la Presidencia y desde 28 de julio el discurso de la reconciliación dio paso al de la lucha contra la corrupción. Así, el Presidente actual decidió dar el nombre de “Año de la lucha contra la Corrupción y la Impunidad” al 2019.

Este cambio es fruto de una lectura más coherente respecto de lo que está sucediendo en el país. Es fruto de la claridad respecto a que es necesario enfrentar la corrupción enquistada en determinadas instituciones del país. Los hechos son arto conocidos y los acontecimientos hacia la renuncia de Pedro Gonzalo Chávarry han sido suficientemente difundidos. Con todo esto ha quedado derrotado, en el plano de las ideas, la creencia de que la política peruana se estaban enfrentando a muerte dos proyectos de país. La lucha no fue y no es entre fujimoristas y antifujimoristas, sino entre la corrupción y la integridad.

Esto se refleja en que la política se desplazado del Parlamento a los tribunales. Esto no significa que la judialización de la política, sino la captura de algunos grupos políticos por criminales. No se trata de que ahora la confrontación política de ha desplazado a las cortes y a los tribunales, sino que grupos de criminales anidaron en movimientos políticos. Es por eso que la opinión pública ha virado su mirada a los juicios penales. Así, por ejemplo, el debate político ha sido reemplazado por el debate jurídico respecto de qué caracteriza el delito de lavado de activos.

En este cambio hay quienes ganan y quienes pierden. Los que ganan son la ciudadanía, los movimientos políticos honestos y el poder ejecutivo. En realidad, gana todo el país. Quienes pierden son la cúpula fujimorista, la cúpula aprista y los demás políticos corruptos. También pierden los supuestos analistas políticos que son aliados incondicionales de Keiko Fujimori (y no sabemos si la acompañaran hasta el infierno). Pero, también podría perder, si es que no se toman las medidas del caso, el mismo Congreso de la República. Esto último sería muy peligroso para el país, pues con ello los movimientos populistas, tanto de izquierda como de derecha, podrían ir ahuecando a la democracia representativa.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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