Ojo con el proceso disciplinario

LA TEORÍA CRÍTICA Y EL FIN DEL PROGRESO

Publicado: 2018-08-07

La filósofa norteamericana Amy Allen publicó el 2016 un sugerente libro respecto de la conocida Teoría Crítica cuyo objetivo es doble: ampliar el marco de referencia de la misma Teoría Crítica y poner en tela de juicio uno de sus conceptos fundamentales, el progreso. El valioso aporte de Allen es dotar de echar una nueva mirada a una de las tradiciones de la filosofía contemporánea más robustas y sugerentes. 

Habitualmente se asocia la Teoría Crítica a la llamada Escuela de Frankfurt, iniciada en los años 30 en Alemania y que adquiere una metodología de trabajo, una tradición y unas metas a partir del texto de Marx Horkheimer Teoría tradicional y teoría crítica. Allí Horkheimer da inicio a una metodología de trabajo para la filosofía social, que es la articulación de la filosofía política, la crítica de la cultura y la reflexión filosófica sobre el individuo en condiciones de sociedades marcadas por el desarrollo del capitalismo avanzado y del neoliberalismo durante siglo XX y el siglo XXI. Esta metodología de trabajo para realizar la crítica social es la crítica inmanente, la cual consiste en aquella que parte de la perspectiva de los sujetos que se encuentran insertos en una sociedad en la cual concurren dos fuerzas antagónicas: el ejercicio del poder que genera dominación y los ideales de emancipación que forman parte de la misma sociedad en la que la opresión, la explotación y el abuso se ejercen. Se trata de un sujeto interto en la tensión entre el poder y la normatividad. Este tipo de crítica es la que Marx expresa con claridad en su carta a Ruge de septiembre de 1843 en los siguientes términos: “Desarrollamos nuevos principios para el mundo sobre la base de los propios principios del mundo. No le decimos al mundo: «Termina con tus luchas, pues son estúpidas; te daremos la verdadera consigna de lucha». Nos limitamos a mostrarle al mundo por qué está luchando en verdad, y la conciencia es algo que tiene que adquirir, aunque no quiera”.

Desde entonces en la Escuela de Frankfurt se han sucedido cuatro generaciones: la primera liderada por Marx Horkheimer y Theodor Adorno, la segunda liderada por Jürgen Habermas, la tercera liderada por Axel Honneth y la última que tiene varios exponentes sugerentes como Rainer Forst, Rahel Jeaggi y la misma Amy Allen. Además, las tres últimas generaciones han estado corriendo en el estudio de la normatividad entre Hegel y Kant, como es el caso de Honneth y Jeaggi, (del lado de Hegel) y el caso de Habermas y Forst (colocados del lado de Kant, aunque no hay que desconocer la vena hegeliana presente en Habermas de manera marcada). Pero además de un método, y una tradición, la Escuela de Frankfurt cuenta con la exigencia o la aspiración de la emancipación social de las relaciones de dominación.

El punto de Allen es doble. De una parte, presenta la tarea tradicional de la Escuela de Frankfurt inserta en una agenda de investigación que tiene tres áreas: a) el estudio de la tradición que va de Horkheimer hasta Honneth y sus seguidores contemporáneos, b) el ejercicio de la crítica inmanente y la consecuente tensión entre el poder fáctico y la normatividad interna a la sociedad y c) eapuntar a los procesos de emancipación social. De otra parte, la cuestión de la filósofa norteamericana apunta a ampliar el marco de referencia de la teoría crítica, incorporando en ella dos tradiciones adicionales: la francesa y la norteamericana. Teniendo en claro que el negocio de la denominada Teoría Crítica es la crítica inmanente de la sociedad, y no todo tipo de crítica social (como la crítica externa o la crítica que se retrotrae al pasado), lo que Allen señala es que en la tradición norteamericana aparecen elementos de crítica inmanente dirigidos a la cuestión feminista, a la de la diversidad sexual y a la racial. En esta tradición se encuentran filósofas como Nancy Fraser y Sheyla Benhabib. Por su parte, en la arena francesa se encuentra la crítica que viene del post-estructuralismo, que tiene como foco de interés la colonización y la descolonización, y que cuenta con representantes importantes con Michel Foucault, Gilles Deleuze, Jacques Derridá y Jacques Lacan. La crítica que viene de este campo es la crítica a la cultura colonizada por el imaginario occidental europeizante.

De esta manera, la propuesta de Allen consiste en utilizar estas dos fuentes de crítica inmanente para cuestionar el excesivo europeísmo imperante en la Escuela de Frankfurt. El temor es que los referentes se queden cortos, puesto que existen desarrollos interesantes y originales de la crítica social inmanente en otras latitudes, como es el caso del trabajo del japonés Kojin Karatani y su texto Transcritique o los trabajos desarrollados en América Latina que, sin desvinculase del conocimiento de la tradición Frankfurt utlizan herramientas y resultados de las ciencias sociales desarrollados en otras latitudes para hacer crítica social inmanente. El esfuerzo de incorporar estas tradiciones adicionales potenciaría el fin del progreso en sus dos acepciones: en el cuestionamiento de la idea de progreso que vienen de la tradición que cruza a Kant y Hegel, y en la de replantearse la direccionalidad de lo que llamamos progreso.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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