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Balance debilitación

SOBRE EL PRIMER AÑO DEL GOBIERNO DE PPK

Publicado: 2017-08-01

Me atrevería de decir que cada vez que se inicia un nuevo gobierno en un sistema democrático, como el que tenemos en Perú, lo que sucede es que las piezas se reacomodan en el tablero político. De este modo, después del primer año se pude evaluar de qué manera se han movido las piezas del juego. Mi balance general es que las principales fuerzas políticas se han debilitado de manera sustantiva. 

El ejecutivo, conducido por PPK, considera que el problema central del país es económico-técnico y no político. Parece no percibir (o no querer percibir, o no querer admitir ante la opinión pública) que la mayoría fujimorista le representa un serio problema político. Además, he mostrado tenerle miedo a Keiko Fujimori, quien ha sabido aprovechar esa situación. Queda claro que sus acciones de gobierno han estado mediadas por la consideración de no generar fastidio a Keiko.

El temor es una pasión que no ayuda en política, a menos que se quiera estar sometido a un poder autoritario. Lo que el ejecutivo necesita es buscar operativos políticos leales y valientes, que puedan poner en jaque a Keiko y al fujimorista. Si está pensando en un gabinete de amplia base, convocando a las fuerzas políticas, esa estrategia no le solucionará el problema. Y es que el problema consiste en que no tiene la fuerza para llevar adelante su proyecto político (si es que lo tiene). Pero para llevar adelante un proyecto se necesita liderazgo y operadores políticos leales y valientes.

Si el presidente carece de la fuerza personal suficiente para liderar un proyecto y hacer frente a Keijo Fijimori, lo que necesita es conseguir una persona a quien lo pueda delegar. Sheput y Bruce han mostrado no ser las personas que el presidente requiere. Alguien con el perfil de Pedro Cateriano se acerca más a lo que necesita. El presidente tal vez crea que basta con hablar con Keiko, con liberal a Alberto y con convocar a un gabinete de ancha base sea suficiente. Pero, lamentablemente, no es así. Es necesario enfrentar políticamente a un legislativo mayoritariamente fujimorista.

Pero el mismo fujimorismo se encuentra debilitado debido al manejo autoritario al que lo somete Keiko. Sin reales cualidades para el liderazgo, Keiko a permitido que los albertistas, liderados por el padre, y con el operativismo político de Kenji, han logrado minar paulatinamente su poder. La retórica que los keikistas están vendiendo, según la cual, lo que están haciendo es trabajar por la institucionalidad y la fortaleza del partido, parece estar llegando a su límite. ¿Qué tipo de fortaleza pueda darle a un partido alguien que no está dispuesta al diálogo interno, ni a escuchar las voces disidentes? De hecho, ninguna. A punta de la atemorización no se puede hacer política. Puede conseguir la sumisión, pero no la lealtad. Estecialmente, si se está conduciendo una mototaxi en la que se han embarcado tirios y troyanos, que no comparten un proyecto político, ni una misma ambición (porque hay que distinguir la codicia de la ambición: cualquiera puede codiciar el poder, perno para cultivar una ambición hay que ser una persona libre).

Alberto y Kenji parecen percibir el defecto de Keiko y saben camuflarse como dialogantes y compasivos, tanto hacia dentro del partido como hacia fuera. El buen asesoramiento ha convertido a Kenji en una de las grandes amenazas de Keiko, quien ahora tiene que desgastarse en el frente externo como en el interno. Es sólo una cuestión de tiempo para que ese desgaste sea lo suficiente como para partir la mayoría parlamentaria. Todo esto significa que el fujimorismo llega al segundo año del nuevo periodo político bastante debilitado, aunque hagan todo por ocultarlo.

La tercera fuerza política ahora es completamente inexistente e irrelevante. Las apetencias de las facciones han destruido el Frente Amplio. Actualmente es insignificante y prácticamente no cuenta para el análisis.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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