reconoce sus orígenes

RENOVADO INTERÉS POR LA TEOLOGÍA POLÍTICA

AMENAZA SOBRE EL PLURALISMO Y LA DEMOCRACIA

Publicado: 2017-06-20


La Teología Política es una rama de la Teología que versa sobre las relaciones entre el poder y lo sagrado ("conforma una parte de la filosofía política y la teología que investiga las formas en que los conceptos teológicos o formas de pensar se relacionan con la política, la sociedad y la economía"). En el seno del catolicismo ha habido varios exponentes de esta disciplina, como J-B Metz y Von Balthasar, así como los trabajos de Baruch Spinoza (el filósofo racionalista de origen judío del siglo XVII), Carl Schmitt (el jurista alemán reaccionario del siglo XX) y algunos representantes de la escuela de Francfurt, como Walter Benjamin.

En la actualidad algunos círculos de estudio del pensamiento de Schmitt están uniendo fuerzas para convertir a la Teología Política en una herramienta para el avance conservador en el debate académico mundial. Algunos de ellos se han inspirado en el debate de Habermas y Ratzinger sostuvieron el año 2005, debate en el que el teólogo sostiene que la posición de Schmitt permite entender el valor del cristianismo en la constitución de la tradición política de occidente, y en la democracia contemporánea.

La idea cristiana de que Dios se hace hombre en Jesús y que eso marca el devenir de la historia en occidente, junto con la idea de que el cristianismo sostiene (a diferencia de Calvino y de Sendero Luminoso, por ejemplo), de que el Reino de Dios no se realiza en este mundo, sino en el venidero, después de la segunda venida de cristo; ambas ideas dan pie a afirmar que las instituciones políticas fundamentales de occidente, como la democracia moderna, tiene sus raíces en el cristianismo.

Esto trae como consecuencias varias cosas. En primer lugar, que la raíz de lo que llamamos occidente se encuentra en el judeo-cristianismo. Esta idea llevó a afirmar a Steve Bannon, uno de los ideólogos de Trump, que en problema del neoliberalismo imperante se encontraba en que la economía del mercado se había separado de su inspiración cristiana, y la tarea era reconducirla hacia ésta.

En segundo lugar, se señala que, si bien han existido intentos de generar formas de deliberación pública en otras latitudes que no se encuentran bajo la articulación cristiana de una forma de vida, estos intentos han sido y serán siempre episódicos, y nunca harán que la democracia hunda sus raíces fuera de occidente. El argumento es que, por ejemplo, en el medioriente, la influencia del Islam (por su estructura teológica) no permite sino formas autoritarias y radicales de relaciones políticas y sociales.

En tercer lugar, se sostiene que para que las democracias occidentales puedan sobrevivir, los gobiernos deben expulsar a los inmigrantes islámicos, o a los musulmanes que ya son ciudadanos en países europeos. Esto implica una política de cierre de fronteras, que como sabemos, es el estandarte de la derecha populista en Europa y en los Estados Unidos.

Lamentablemente, para los defensores de estas ideas, hay evidencias que cuestionan sus afirmaciones. En primer lugar, la primera democracia que existió en occidente no tuvo relación con el cristianismo. En la polis griega de Atenas floreció una importante democracia que se desarrolló durante el siglo V antes de Cristo. En segundo lugar, las raíces de occidente no se encuentran sólo en el judeocristianismo, sino en la cultura grecolatina, siendo esta última mas importante y fundante de lo que denominamos Europa y Occidente en general.

Pero quizás el elemento más importante es que la Teología Política de no se desarrolló sólo en el cristianismo, sino que también se desarrolló en el judaísmo y en el pensamiento judío heterodoxo. Es curioso que los católicos que defienden las raíces cristianas de la democracia occidental (como si fuesen elementos inseparables) no se dedique al estudio de la teología política que Spinoza presentó en su Tratado Teologico- político, o en los tratados de los representantes de la escuela de Fracfurt, como Horkheimer, Hannah Arendt o Walter Benjamin, o en los actuales trabajos de Judith Butler. Esta omisión hace sospechar que el renovado interés por la teología política de parte de los intelectuales conservadores esté sesgado por la voluntad de volver a hacer circular las ideas del Carl Schmitt, conocido intelectual que bajo la influencia de Donoso Cortés, buscó revivir el pensamiento reaccionario, ultramontano y adverso a la democracia.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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