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Razones, autonomía y no dominación en las sociedades contemporáneas

Publicado: 2017-03-15


La filosofía moral de Kant ha desarrollado el concepto de autonomía como elemento central para realizar una crítica de las relaciones interpersonales. Dicho concepto se puede presentar como la base de la idea republicana de no dominación, pero además se plantea como idea para la emancipación en todos los órdenes de la sociedad, incluyendo aquellos que han sido sometidos a las reglas del neoliberalismo imperante en la actualidad.

El concepto de autonomía de Kant se presenta como la exigencia de no instrumentalización, propia de la ética del igual respeto y se expresa de manera más clara en la idea que Thomas Scanlon desarrolla respecto de la persona como un centro de razones. Así, la autonomía se presenta como el lugar de donde brota la exigencia de justificar ante otros las normas y las relaciones que les imponemos por medio de razones. Además, el concepto de autonomía supone que las razones que son relevantes aquí son aquellas que podemos compartir tanto en las relaciones intersubjetivas como en las relaciones sociales y políticas. El giro que proviene de la obra de John Rawls resulta relevante en esta interpretación de la autonomía. Dicho giro reemplaza la pregunta dominante en la filosofía moral consecuencialista, a saber, “¿qué le debe qué a quién?” por esta otra pregunta, de carácter deontológico: ¿cuáles son las razones que podemos compartir? En este giro, la relación entre las personas deja de estar mediada por las consecuencias que ciertas cosas o ciertos estados de cosas pueden producir en el mundo y en la vida de las personas, a estar mediada por las razones que las mismas personas se pueden dar mutuamente y en un intercambio recíproco.

Este cambio de perspectiva tienen consecuencias para criticar las relaciones de dominación entre las personas. Mientras que el paradigma consecuencialista los “beneficiarios” de las acciones de los “beneficiantes” son entendidos como seres pasivos a quienes ciertos estados de cosas o determinados bienes modifican sus vidas, en el enfoque deontológico las personas son consideradas como activas, capaces de participar en el intercambio de razones respecto de las normas que articula su vida en común. La consideración de la persona como pasiva expresa una de las formas de la dominación, mientras que la consideración de las personas como activas expresa una de las formas básicas de la emancipación, que el republicanismo coloca en el campo político.

De esta manera, el concepto kantiano de autonomía lleva en sí el germen del cuestionamiento de las relaciones de dominación. Al mismo tiempo que se encuentra en el corazón de las ideas republicanas. Ciertamente, las relaciones de dominación pueden tener su germen en las relaciones más íntimas de la casa, en la cual las personas se encuentran sometidas a relación en la cual son anuladas como agentes y ante las cuales se considera que no es necesario dar razones de ninguna clase, sino sólo se les exige sumisión y obediencia. Este es, sin duda el campo de cultivo de los populismos y del fascismo.

Por otro lado, la otra forma de relación política en la que se hace completa abstracción de la autonomía entre las personas es en los regímenes liberales. Al liberalismo sólo le interesa establecer un esquema de tolerancia en la que las personas puedan seguir con sus asuntos domésticos sin ser cuestionados por el Estado o la sociedad, siempre que no interfieran en la vida de los demás. Al liberalismo sólo le basta con un sistema de leyes que garanticen el goce de las libertades negativas de cada cual. Es por eso que para los teóricos liberales es suficiente contar con un sistema legal que garantice dichas libertades. Pero lo que el liberalismo no enfrenta es la cuestión de la autonomía, es decir, no le interesa la libertad positiva de las personas que las conviertan en seres activos en el intercambio de razones que pueden dar pie a una legislación que exprese la autonomía tanto privada como pública.

Puesto que el liberalismo sólo se interesa por establecer un sistema de no interferencia, ha podido derivar, con relativa facilidad en un sistema neoliberal en el cual se usa el Estado para conseguir la plena no interferencia en el mercado, a fin de que las empresas logren sus objetivos en la competencia. De este modo, el republicanismo, que tiene como centro la idea de autonomía kantiana encuentra sus rivales en el populismo, en el autoritarismo y en el liberalismo. Este último rival ha mostrado su faceta más radical en el proyecto político conocido como neoliberalismo.


Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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