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TEOLOGÍA LIBERAL

SOBRE LA RENOVACIÓN DEL PENSAMIENTO TEOLÓGICO

Publicado: 2015-08-30

En términos generales, el pensamiento teológico contemporáneo se encuentra dividido entre quienes añoran la Edad Media y quienes consideran la modernidad como una ganancia importante. Ciertamente, muy pocos aspiran a regresar a la sociedad medieval, sino que más bien se comprometen con exigencias asociadas al regreso a una sociedad integrista: el rechazo de la laicidad y de la secularización, así como considerar la pobreza no basada en causas sociales, sino en causas naturales. Así, quienes se comprometen con teologías liberales rechazan  la necesidad del Estado Confesional y que los pobres viven una condición de carencia por causas naturales, como la raza o la flojera. En cambio, toda teología moderna se compromete con la laicidad y la secularización y considera que la pobreza tiene causas sociales.

En este momento haré una primera afirmación fuerte: sostengo que toda teología auténticamente moderna es una teología liberal. Sin duda hay algunos teólogos que denominan abiertamente su teología como liberal, pero aquí estoy considerando que toda teología que se comprometa con el giro que realiza Immanuel Kant es teología liberal. En su opúsculo Respuesta a la pregunta ¿qué es la Ilustración? el filósofo alemán plantea la exigencia fundamental de la modernidad bajo la forma de atreverse a hacer uso del propio entendimiento. Con esto, lo que señala el giro planteado por Kant es que asumamos nuestra libertad, en el sentido de constituirnos como seres autónomos. Aquí la autonomía puede ser entendida de dos maneras, a saber,  de manera conservadora y de manera liberal. La forma conservadora señala que una persona es autónoma cuando aleja sus decisiones y conducta de las inclinaciones naturales para conectarlas con las exigencias que provienen de las autoridades eclesiales. La segunda señala que la exigencias conforme las que una persona ha de comportarse han sido fruto de una reflexión racional, es decir, han sido ganadas gracias al esfuerzo de orientarse en un campo de razones. Teólogos como Dietrich Bonhoeffer han asumido esta exigencia a través de la necesidad de alcanzar una fe de la mayoría de edad, y con ello hacerse cargo, cada uno, de su propia fe.

Este giro hace que la teología se modifique en su totalidad. Así, la teología moral se convierte en teología moral crítica, es decir, aquella que expulsa los dogmas por no ofrecer justificaciones en razones; además, esta teología moral crítica se convierte en teología fundamental. Desde ese giro práctico y crítico se inicia la rearticulación de la teología en su totalidad. Esto trae como consecuencia el que los dogmas consagrados que se justifican sólo porque vienen del caudal de la tradición son revelados en su arbitrariedad. 

Ahora bien, toda teología católica moderna  se compromete con este giro, pero de manera parcial. Esto es así, porque la Iglesia Católica asume el peso de autoridades políticas que sostienen la posición de dogmas que no tienen justificación. En este giro parcial, sin embargo, se han dado renovaciones sumamente valiosas dentro de la teología. Sin duda, una de las más valiosas sea la que representa la Teología de la Liberación de Gustavo Gutiérrez. Ésta, al ser una teología pastoral reorienta la práctica de la Iglesia, dejando fuera de la discusión los dogmas. Así, la Teología de la Liberación no es, en sentido estricto una teología liberal, pero es compatible con ella. El giro completo que una teología liberal exige incluye no sólo un reordenamiento de la teología en su totalidad, sino una interpretación de los dogmas centrales de tal manera que expresen la autonomía racional de las personas y expresen que la voz de Dios se expresa en la voz de la conciencia racional autónoma. 

Aquí introduciré una segunda afirmación fuerte: sostengo que la Iglesia Católica debe realizar el giro completo por dos razones: a) Esto representa una exigencia moral básica y b) porque la conecta con el mundo moderno y contemporáneo. La primera razón hunde sus raíces en los mismos evangelios, pues se trata de una consideración respecto de la centralidad de la dignidad humana. De tal manera que la primera exigencia es una cuestión de principio. La segunda exigencia es de orden programático: si la Iglesia quiere dar a entender su mensaje al mundo y quiere comprender el mundo en el que se encuentra debe dar el giro completo.  



Escrito por

Alessandro Caviglia Marconi

Filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.


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